El encargo que se revelaría decisivo en su vida y su carrera
fue, no obstante, la misión de inventariar las pinturas conservadas
en conventos de la Compañía de Jesús tras la expulsión de
los jesuítas en 1767, con el fin de que pudieran servir a profesores
y alumnos de la Academia de Bellas Artes. A partir de ese
encargo, él mismo propuso a Pedro Rodríguez de Campomanes,
fiscal del Consejo de Castilla, ampliar el proyecto a objetivos
más ambiciosos: realizar un completo inventario del patrimonio
artístico y arqueológico español. La propuesta, aceptada
y respaldada por el gobierno con una pensión, fue el origen de
los dilatados viajes de Ponz por nuestro país, plasmados en el
Viaje de España, o Cartas en que se da noticia de las cosas más
apreciables y dignas de saberse que hay en ella21
. Fue en un paréntesis
de ese largo viaje en el que emprendería su itinerario
por Francia, Inglaterra, las Provincias Unidas y los Países Bajos,
publicado en 1785 con el título de Viaje fuera de España^.
Como era habitual en la sociedad del siglo XVIII, Ponz
cultivó numerosas amistades. Su sobrino lo retrata como un
hombre de trato afable, a quien la larga dedicación al estudio
no habría restado gusto por los placeres de la compañía y la
conversación: «Una moderada viveza, que sazonaba con las
gracias que había bebido en los Poetas, hacía su conversación
apreciable en las concurrencias, de las cuales no solía apartarse
sin haber adquirido algún nuevo amigo»23
. El tópico ilustrado
del intelectual que, lejos de ser un erudito solitario, se mues-
21. Viaje de España, o Cartas en que fíe da noticia de las cosas más apreciables ij dignas
de saberse que hay en ella, Madrid, Joaquín Ibarra, 1772-1794.
22. Antonio Pon/,, Viaje fuera de España, por. D…., Secretario de la Real Academia de
San Fernando… dedicado al Príncipe nuestro señor, Madrid, Iharra, 1785, 2 vols.
2.3. ¡osé Fon/,, «Vida…», p. LIV.
ESTUDIO INTRODUCTORIO 23
tra ingenioso y sociable, imagen a la que José Ponz recurre al
caracterizar a su tío, parece, en efecto, haber sido para Ponz,
como para tantos otros de sus contemporáneos, en cierta medida
un modelo de comportamiento. Según el sobrino, entre
sus «muchos amigos» figuraban, además de Pérez Bayer o el
duque de Almodóvar, Eugenio de Llaguno, Nicolás Rodríguez
Laso, inquisidor de Barcelona, José Cornide o el botánico Casimiro
Gómez Ortega24
. También la abundante correspondencia
de Ponz, de la que solo conocemos algunas cartas, da noticia de
sus relaciones con el marqués de Ureña o con Francisco Bruna,
decano de la Audiencia de Sevilla e íntimo de Jovellanos25
. Entre
la correspondencia conservada domina la de carácter oficial,
relativa a su cargo como secretario de la Academia o a sus solicitudes
de apoyo económico, o bien la de naturaleza erudita,
en la que pide a personas de su confianza datos de utilidad para
la obra de su vida, el Viaje de España: es el caso de las cartas
dirigidas a Campomanes y las intercambiadas con Jovellanos o
con el conde del Águila, así como de la única misiva escrita a
Gregorio Mayans26
.